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SOLO

Un chillido me despierta. Una habitación sin ventanas, tal vez  es un galpón, entra apenas un hilo de luz que no puedo distinguir de donde viene, estoy tirado en el suelo de cemento.

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EL RELATO

El hombre tenía mucho que contar, estaba serio, concentrado en la pantalla, los dedos delicados no se despegaban del teclado, se le notaban las costillas y la espalda dibujaba una pequeña joroba.

Me senté en un sillón a su lado, saqué un bagullo de hierba, armé un porro generoso y lo encendí. Me miró y dijo

-Eso te pone boludo, pendejo.

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DESTINO

Convencido de que su muerte ya debía de haber sucedido tiempo atrás, y que el regalo de la vida no solo no le interesaba, sino que no lo veía como tal. Comenzó una búsqueda un tanto trillada dentro de los caminos espirituales y senderos mundanos. Desde Budismo zen, Sexo tántrico, fue Testigo de Jehová, leyó completo el libro del Mormón y hasta él Corán. El Reiki le pareció sencillo e interesante, el yoga le dio un tiempo de calma. Vivió tres meses borracho, y no se animó a cambiar su sexo.

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LA VENGANZA

La rueda de piedra gira en su eje, paso la cuchilla. Tomo al azar cada herramienta. El metal se desgasta y sangra una mezcla negra. No importa el tamaño ni lo grueso del acero, afilar no es ninguna ciencia, pero ritual, ritual si. Hay que humedecer con unas gotas de agua la hoja, algunos la escupen, yo prefiero la nieve de debajo de la ventana así también enfrío el metal. La punta del cuchillo se vuelve puñal criminal, con personalidad y firmeza. Las pinzas y los ganchos son agujas que penetran, sostienen, tensan sin desgarrar la carne fresca.

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REY DE ESPADAS

reydeespadas copia

El paño verde, en fuerte contraste con mis uñas negras. Vuelvo a mezclar y no estoy seguro. Repito la acción, saco la primera carta del lomo del mazo, es un cinco de copas, carta simple, no dice demasiado, no es fuerte, ni siquiera tiene identidad. Con el dedo índice de la mano izquierda deslizo otra carta, la llevo patinando y con cautela, la doy vuelta. ¡Rey de espadas! Esto genera seguridad aunque por sí sola no alcanza.

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COMO UNA BABOSA EN LA SAL

– Ese es el problema con los comisarios ¿no, Marta? siempre con horarios raros. Así como llego a las dos de la mañana, puedo llegar a las cinco de la tarde o a media mañana –dijo el comisario mientras pasaba el umbral de la puerta dirigiéndose a la cocina.

– ¿Estabas tomando mate sola, mi amor? – el comisario miraba a los costados, al suelo, y siguió por el pasillo sin mirar a Marta con el mismo tono de voz, con algo mezcla de calma y soberbia.

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El 621

Tercer día  de 42° en la capital, el cemento parece derretirse y la brea se pega a los zapatos.  Lucas y Bebo viajan al oeste con la ansiedad que les permite el calor.  A Laferrere, en el 621.

El chófer lleva seis horas de recorrido. No logra mantener la espalda contra el asiento, la transpiración y el polvillo se han vuelto una arcilla en la piel. El exceso de peso lo incomoda, lo encierra en su propio cuerpo.

Bebo se pasa la mano por la frente y después por la cara, dejando marcas como las de un indio antes de combate. Lucas mira por la ventana.

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TUNEL

Los golpes venían del lavadero, directo del lavarropas. Era un ruido como quien golpea la puerta de una casa. Me acerqué y  miré la ventana de vidrio que no tendría más de treinta centímetros.  El sonido venia de adentro!. Quité unos calzoncillos sucios y el pantalón pijama, eché un vistazo y descubrí que una luz brillaba en el fondo del túnel de metal. “Será un reflejo”- pensé; pero la tarde se había hecho noche y no estaban prendidas las luces de afuera. El túnel parecía engañarme, cuanto más metía mi cabeza, más grande se hacia la luz y para cuando me di cuenta tenía medio cuerpo adentro . El golpe, del que ya me estaba acostumbrando a escuchar, adquirió mayor intensidad y un extraño eco. Metí mi pierna izquierda y resulto que cabía parado. Noté que los agujeros por donde filtraba el agua eran profundo hoyos en los que podía caer.

Con precaución y curiosidad me fui acercando a la luz. Esquivé el ultimo de los pozos. La claridad era mayor, el suelo que antes era de metal pasó a ser de tierra. Encontré un sendero y lo seguí. Una espesa vegetación que desconocía me rodeaba. El moho se fusionaba con enredaderas de hojas verdes grandes a la vez que se veían pequeños arbustos. Al final se descubría un cielo perfectamente azul. El paisaje era maravilloso. El golpe me sorprendió, pero no tanto. Antes quedé impactado por el hombrecito que los propiciaba con su hacha.

No me presto atención aunque ya me había visto. Giro su cabecita y dijo con seriedad – ¡Mira que son curiosos los de allá, creen que todo golpe o ruido es para ustedes!

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VAMOS GORDO

 

La humedad moja el piso de cerámico, el gordo resopla ahuyentando mosquitos, mueve torpemente las manos de dedos grandes como inflamados por algún tipo de alergia,  la tarde trae colores de hojas rojas y amarilla, la habitación tiene dos ventanas, siempre abiertas  y no corre ni una débil briza, las piernas parecen  almohadones pálidos, el sobrepeso lo aprieta, la grasa lo deforma, genera que sus brazos floten, lo empuja la gravedad contra la cama.

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