Después de ese viernes, los días dejaron de tener nombre.

Se perdieron los calendarios y las fechas se guardaron en una caja sin código de numeración.

Se confundieron los feriados y jamás volvieron las vacaciones. Y por esos caprichos de la genética Elvis apareció un día. Esa mañana Robín llegó antes que Batman a trabajar.

Los entendidos entendieron  a partir de ahí, que Alzheimer podía recordar,

que existía una inmensa oportunidad de llorar a manos llenas, en el domingo menos pensado. Pero el lunes gris, estropeando todo, decidió empezar de nuevo.

 

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