El Tano me tenia podrido de mentiras, mal aliento y olor a patas. Llevábamos veinticinco días en el piano bar de Miguel. Un desfile de peluquines y viejas sacadas de una foto de la Rai del año 75.

Cada noche “o capito que ti amo”, las canzonetas me tenían podrido. Y entre los whiskys que tomaba el tano, el hotel y la comida, estábamos endeudados. Con lo que quedaba de temporada turística no zafábamos. Nos teníamos que quedar el invierno, que es la muerte, los nervios me apremiaban tenia que encontrarle una solución milagrosa que no nos llevara a tener que a trabajar, el Tano no cantaba mal, pero la rutina romántica italiana perdía fuerza con la repetición y el publico no se renovaba, tengamos en cuenta que los gringos no se destacan por gastar.

Decidí salir a caminar por la costa para buscar caracoles y reflexionar, caminé sin tiempo hasta que me atrapó el crepúsculo. Estaba cerca de las playas del casino y por un momento pensé que esa podía ser una solución.

Me acerqué, estaba a punto de entrar y gastar la ultima reserva de dinero, el Tano dormía como siempre en el hotel o se levantaba después de una  conquista nocturna, de alguna de las niñas del geriátrico cercano al piano bar.

Fue una visión, el pie de Dios me hizo tropezar, resbalar y caer por las escaleras del casino hasta un cartel publicitario que decía “Buscamos a Elvis, si cantás y tenes un parecido, te esperamos y el premio es de mil pesos y un viaje a las vegas”. Mi mente que gozaba de poca lucidez se encendió, salí corriendo al hotel y le dije al tano, cambia ese casco por uno con jopo como el de Elvis.

Fue complejo y divertido transformar a un italiano de sesentaylargos a un Elvis, lo mas joven posible, el Tano estaba un poco deprimido me dijo “loco soy un artista”. Me quede mirándolo, no lo podía creer le cambió su peluca castaño claro por un quincho negro azabache impecable, a la hora de mover la pelvis se complico mucho, tuve que salir a reírme al pasillo varias veces, fue muy duro para él, pero habíamos logrado un Elvis con acento italiano, único.

Nos tomamos un taxi antes de arrepentirnos y como de rayo estábamos en el casino participando, el Tano temblaba. En un momento, sobre ese taxi, me dio lastima, pero la plata tira che.

Cuando le toco al él y empezó a cantar con esa vos ronca y áspera, fue como si hubiera nacido para eso, pero en el viejo continente. El premio terminó por  unanimidad en nuestras manos, no solo zafamos de las deudas sino que desde hace unos años vivimos en las Vegas, el Tano perfeccionó tanto a Elvis que tiene contratos en listas de espera. Yo recorro las playas con la mente liviana y espero el crepúsculo, en el lugar que me descubra.

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