Aleja la hoja de afeitar del rostro, Marcos conserva la antigua máquina gillette que le regaló el padre, busca en el espejo secuelas de cortes, por las ventilas se filtra un hilo de luz y la brisa, que comienza a ser fresca, lo acaricia y despabila y se pierde por la puerta entreabierta del baño. Es enero, la humedad ocupa toda la casa, lleva horas retocándose, Matilde espera y repasa los pisos, limpiando sobre lo limpio, redundando en lo impecable, buscando la perfección divina, de escucha por detrás de la puerta, ahora cerrada.Él termina de afeitarse y comienza a llenar la bañera el chorro de agua golpea el suelo.

Ella está desarreglada y no es su costumbre, es una mujer muy bella, quizás por eso Marcos fue tan celoso siempre y nunca quiso ni siquiera traer amigos a su casa, salvo Alberto y fue una casualidad que nunca debió pasar.

Marcos se enjabona con paciencia, no fue a trabajar esta semana, recorre los azulejos celestes con la vista, cada cosa está en su lugar, todo prolijo.

Matilde repasa con una franela las latas de conserva de la alacena, mientras pone a funcionar el lavarropas, siente un ruido que viene del baño, se acerca hasta la puerta, no pregunta nada y se aleja, continúa con sus quehaceres.

Mete los pies primero y espera hasta aclimatarse, luego el resto del cuerpo con exagerada precaución, una vez recostado toma la afeitadora, desenrosca la tuerca de arriba, quita la hoja con mucho cuidado, la seca con caricias de toalla para que la humedad no la eche a perder, vuelve a poner la tuerca y la deja en el cajón del botiquín. Sale del agua impecable. En la cocina Matilde, prepara tarta de zapallitos, él le sonríe y la besa con dulzura, ella lo abraza, mira por encima del hombro la nada en completa oscuridad y contiene una lagrima que le quema.

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2 Comments

  1. estuve esperando durante todo el relado ver como se cortaba la garganta……….. me engañaste con foto!!!

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