reydeespadas copia

El paño verde, en fuerte contraste con mis uñas negras. Vuelvo a mezclar y no estoy seguro. Repito la acción, saco la primera carta del lomo del mazo, es un cinco de copas, carta simple, no dice demasiado, no es fuerte, ni siquiera tiene identidad. Con el dedo índice de la mano izquierda deslizo otra carta, la llevo patinando y con cautela, la doy vuelta. ¡Rey de espadas! Esto genera seguridad aunque por sí sola no alcanza.

El bip del contestador me revienta los tímpanos. Me alejo de la mesa y me escondo de la luz, sobresaltado, perdiendo la concentración y la paciencia. La solemnidad del silencio y la soledad logran cubrir tal molestia. La voz en el teléfono es de la secretaria del laboratorio -pase pronto -dice, sin más detalles. El corte del otro aparato, se sintió como una guillotina. Vuelvo a mezclar,  saco dos reyes  y una sota. No son cartas para este juego.

Los estudios iban a estar para el jueves y hoy es lunes. Miro mis manos delgadas. Busco en los muros, un consuelo, una respuesta. Recorro la casa. En el lavadero le echo un vistazo a la escupidera, los caños de hierro oxidado que sostenían las bolsas de veneno. Me agito con el solo andar cotidiano. Acomodar el baño, regar mis plantas, estirar la cama, ordenar las medias en la cajonera. Y miro las viejas órdenes de rayos y quimio.

A un costado y con paciencia, espera la soga con el nudo exacto.

Y yo, con la certeza de no volver a sufrir.

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