Miguel escucha la puerta y se asoma muy sigiloso por la ventana cubriéndose con la cortina, ¡Es la asistente social mamá, agarra la pelota ya! Dale que le abro, no la hagamos esperar.

-Hola Licenciada.

En la mesa de la cocina hay dos viejas haciendo ejercicios con los brazos, cada una con una pelota, una está enferma.

Dos cuidadoras aparecen del fondo, cambiaban de turno y la que se va, pasa el parte del día.

-¡Mira quien vino mama! le dice Miguel a una de las viejas, con emoción fingida. Inmediatamente se mira una a la otra sin dar señales de recibo de lo dicho por el joven. -Es la señora de la obra social, te vino a ver, dice poniendo una euforia desmedida. La vieja mira nuevamente a la otra mientras levanta una pelota de goma con la mano estirando el brazo lo más alto posible, se la pasa a la otra mano y la baja nuevamente como haciendo un cuadrado imaginario en el aire. La otra vieja replica como un espejo y asiente en cada movimiento, como dando la aprobación de un experto.

Nuevamente timbre, es el kinesiólogo, entra con aires familiares.

-Mirá mamá ¿quién es? -le dice el hijo. -No le digan, no le digan – dice el kinesiólogo con cara de pelotudo y hablando como le hablan a los bebes los padres primerizos -Ma…, ma… Marce… Marcel…, Marcelo, dice la vieja con cara de nada para que el pelotudo la termine de acosar.

El hijo prepara mate. -¿Quieren? ¿Toma Licenciada? –Y… si está haciendo, tomo-. Con vos fría y cortante comentó ella. -Hay que llenar unos formularios por el tema de las cuidadoras y el kinesiólogo, para que el subsidio continúe. Las miradas se cruzaron en todas direcciones, sin que nadie hiciera un comentario. Las viejas, sin hacer un impasse levantan la pelotita de goma lo más alto posible con la mano derecha y la pasaban a la izquierda y abajo.

La gata negra sin descuidar el recorrido de la pelotita, con muchas ganas de poseerla, parece sonreír. Salta de silla en silla y se apura con un claro caminar sensual hasta la puerta, gira el cuello para un último paneo y se va.

Las paredes guardaban la humedad de años, la pava tenía la manija de madera atada con alambre, la salamandra lograba un ambiente cálido, con un dejo de olor a humo.

En la cocina la cuidadora comenzó a hervir unas verduras y un pedazo de osobuco. La mañana se pasó completando planillas de la obra social, con la firma de los responsables.

La Licenciada se levantó y con una mirada panorámica y detallista, se acercó a la puerta, miró a una de las viejas y dijo -Bueno Marta, te veo bien, seguí mejorando, paso en unos meses. Una de las viejas levanto la mirada y le dijo -Gracias Adela, saludos a tu hijo Manuel y que sigas bien. Se sonrieron y cruzó puerta.

Comentarios

comentarios

6 Comments

  1. Como siempre, Kali, disfruto mucho de tu trabajo!
    Buenísima iniciativa…
    Y también, como es tu costumbre, me dejas un sabor amargo .
    Gracias!

  2. buen laburo Carlos. Buena óptica a un problema que pega mucho y de cerca.
    Un abrazo che!

  3. Muy buenos los cuentos kali! Espero por más…

Dejá un comentario

Your email address will not be published.